Guerra y Paz
Guerra y Paz —Ha traicionado al Zar y a la patria. Se ha vendido a Bonaparte. Es el único entre todos los rusos que ha envilecido su nombre. Sólo por su culpa sucumbe Moscú— decÃa Rastopchin con voz uniforme y áspera. Mas, de pronto, dirigió hacia abajo una rápida mirada a Vereschaguin, que seguÃa en su dócil actitud, y como si esa visión lo excitara, gritó volviéndose a la gente y alzando la mano: —¡Haced con él lo que queráis! ¡Os lo entrego!
La muchedumbre guardó silencio y se apretujó aún más. Era insoportable permanecer los unos contra otros, respirar aquel vaho pestÃfero, no poder moverse y esperar algo desconocido, incomprensible y terrible. Los hombres de las primeras filas, que escuchaban y comprendÃan todo lo que estaba ocurriendo delante de ellos, con los ojos empavorecidos y la boca abierta, se esforzaban para resistir la presión de los que estaban detrás.
—¡Acabad con él!… ¡Que muera el traidor y no vuelva a manchar el nombre de Rusia!— gritó Rastopchin. —¡Matadlo! ¡Os lo ordeno!
La muchedumbre no entendió las palabras de Rastopchin; sólo percibió el airado sonido de su voz; gimió y se hizo adelante, pero volvió a detenerse.