Guerra y Paz

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—Vous parlez de la pauvre comtesse— dijo Anna Pávlovna, acercándose. —J'ai envoyé savoir de ses nouvelles. On m’a dit qu'elle allait un peu mieux. Oh! Sans doute, c'est la plus charmante femme du monde!— continuó, sonriendo de su propio entusiasmo. —Nous appartenons à des camps différents, mais cela ne m'empêche pas de l'estimer, comme elle le mérite. Elle est bien malheureuse— añadió.[548]

Suponiendo que con semejantes palabras Anna Pávlovna había levantado ligeramente el velo del misterio que cubría la enfermedad de la condesa, un joven imprudente se permitió manifestar su extrañeza por no haber sido llamados médicos famosos y que la condesa se hubiera puesto en manos de un charlatán que podía administrarle remedios peligrosos.

—Vos informations peuvent être meilleures que les miennes— dijo de pronto Anna Pávlovna con venenosa acritud al joven inexperto. —Mais je sais de bonne source que ce médecin est un homme très savant et très habile. C'est le médecin intime de la Reine d'Espagne.[549]

Y, después de aniquilar al atrevido con aquellas palabras, Anna Pávlovna se volvió a Bilibin, que, en otro grupo, frunciendo la frente y preparándose evidentemente a desarrugarla para soltar un mot, hablaba de los austríacos.


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