La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich En realidad se daban cita allí todos los ingredientes que caracterizan las casas de las familias de cierta fortuna que quieren pasar por ricas, y que, en consecuencia, tanto se parecen unas a otras: cortinones, madera de ébano, flores, tapices, objetos de bronce, tonos oscuros y brillantes: en suma, todos los aditamentos de los que se vale cierta clase de gente para parecerse a todas las personas de cierta clase. En el caso de la vivienda de Iván Ilich, se había logrado tal correspondencia con ese modelo general que no había nada que llamara la atención. Pero a él le parecía que todo tenía un encanto particular. Cuando recogió a los suyos en la estación y los llevó a la casa, ya lista y brillantemente iluminada, con un criado de corbata blanca que les abrió la puerta y les hizo pasar a un recibidor decorado con flores, franqueándoles después la entrada a la sala y el despacho, donde la mujer y la hija se deshicieron en exclamaciones de asombro y admiración, Iván Ilich se sintió muy feliz, y no dejó de enseñarles ni una sola de las habitaciones, entusiasmado con sus elogios y resplandeciente de satisfacción. Esa misma tarde, cuando a la hora del té Praskovia Fiódorovna le preguntó, entre otras cosas, cómo se había caído, Iván Ilich se echó a reír y escenificó para los presentes el resbalón y la cara de susto que puso el tapicero.