La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich 
Pero no hizo ningún comentario. Se levantó, depositó el dinero sobre la mesa y, después de emitir un suspiro, exclamó:
—Supongo que nosotros, los enfermos, solemos hacer preguntas inconvenientes. Pero me gustaría saber si mi caso reviste gravedad.
El médico le lanzó una mirada severa, con un solo ojo, a través de los lentes, como diciendo: «Si el imputado no se limita a responder a las preguntas que se le formulan, me veré obligado a ordenar su expulsión de la sala».
—Ya le he dicho lo que considero necesario y oportuno —respondió el médico—. Habrá que esperar a ver qué dicen los análisis.
Y el médico se inclinó.