Del album de un cazador
Del album de un cazador —Soy de Petersburgo.
Exhaló un buen montón de humo por la nariz.
—Me marcho a Moscú, a enrolarme en el servicio burocrático.
—¿Y dónde piensa encontrar un lugar?
—No lo sé; cogeré lo que salga. Le confieso que me asusta el servicio, porque de inmediato uno se convierte en responsable a los ojos de otra persona. Yo he vivido toda mi vida en el campo, me he acostumbrado, ya sabe… Aun asÃ, no se puede hacer nada, ¡la necesidad obliga! ¡Oh, lo que esta necesidad me aterra!
—No se preocupe, vivirá en la capital.
—En la capital… Bueno, pues no sé si saldrá algo bueno de eso. Veremos, tal vez salga bien. Pero no pienso que haya nada mejor que el campo.
—¿Y está seguro de que ya no puede seguir en el campo?
Suspiró.
—Imposible. Mi hacienda ya no me pertenece.
—¿Qué ha sucedido?
—La compró un buen tipo de allÃ, mi vecino… Una letra de cambio…
Piotr Petróvich se pasó las manos por la cara, se quedó un momento pensativo y sacudió la cabeza.