Principe y mendigo
Principe y mendigo —SÃ; soy un arcángel, un verdadero arcángel, yo, que podrÃa haber sido papa. Es mucha verdad; me lo dijeron en el cielo, en un sueño, hace veinte años. ¡Ah, sÃ! Yo tenÃa que ser papa; yo habrÃa sido papa, porque el cielo lo habÃa dicho; pero el rey disolvió mi casa religiosa, y yo, pobre viejo, oscuro y sin amigos, me vi sin hogar en el mundo y apartado de mis altos destinos.
Aquà empezó otra vez a hablar entre dientes y se golpeó la frente con inútil rabia, profiriendo a intervalos unas tremendas maldiciones, y de cuando en cuando esta patética frase:
—¡Por eso no soy más que un arcángel, yo, que debÃa ser papa!