Principe y mendigo
Principe y mendigo —Éstas no son pruebas —añadió el protector.
La corriente variaba ahora muy rápido, en verdad muy rápido, pero en la dirección contraria, y estaba dejando al pobre Tom Canty varado en el trono, y arrastrando al otro hacia el mar. El lord protector consultó consigo mismo —meneó la cabeza— el pensamiento que se le imponÃa: «Es peligroso para el Estado y para todos nosotros que continúe un enigma tan funesto coma éste; podrÃa dividir a la nación y minar el trono». Se volvió y dijo:
—Sir Tomás, arrestad a este… ¡No, deteneos! —Su rostro se iluminó e hizo frente al desarrapado candidato con esta pregunta:
—¿Dónde está el Gran Sello? Contestadme esto sinceramente y el enigma quedará descifrado, porque sólo el que fuera PrÃncipe de Gales puede responderlo. ¡De una cosa tan trivial penden un trono y una dinastÃa!