Principe y mendigo
Principe y mendigo Centelleó en sus ojos una idea repentina, y se dirigió a grandes zancadas hacia la pared, agarró una silla, regresó con ella, la plantó en el suelo ¡y se sentó en ella!
Un zumbido de indignación estalló; una mano cayó bruscamente sobre él y una voz exclamó:
—¡Arriba; payaso descortés! ¿Os sentáis en presencia del rey?
La conmoción atrajo la atención de Su Majestad, quien extendió la mano y gritó:
—¡No lo toquéis! ¡Está en su derecho!
La multitud retrocedió estupefacta. El rey prosiguió: