Abel Sánchez
Abel Sánchez —Que se llame JoaquÃn. Abel el abuelo, Abel el padre, Abel el hijo, tres Abeles…, ¡son muchos! Además, no me gusta, es nombre de vÃctima…
—Pues bien dejaste ponérselo a tu hijo —objetó Helena.
—SÃ, fue un empeño tuyo, y por no oponerme… Pero figúrate que en vez de haberse dedicado a médico se dedica a pintor, pues… Abel Sánchez el Viejo y Abel Sánchez el Joven…
—Y Abel Sánchez no puede ser más que uno —añadió JoaquÃn sotorriéndose.
—Por mà que haya ciento —replicó aquél—. Yo siempre he de ser yo.
—¿Y quién lo duda? —dijo su amigo.
—¡Nada, nada, que se llame JoaquÃn, decidido!
—Y que no se dedique a la pintura, ¿eh?
—Ni a la medicina —concluyó Abel, fingiendo seguir la fingida broma.
Y JoaquÃn se llamó el niño.