Abel Sánchez
Abel Sánchez Y vino Antonia, la abuela, y cogió al niño de la cuna y se lo llevó como para defenderle de uno y de otro abuelo. Y le decÃa: «¡Ay, hijo, hijito, hijo mÃo, corderito de Dios, sol de la casa, angelito sin culpa, que no te retraten, que no te curen! ¡No seas modelo de pintor, no seas enfermo de médico!… ¡Déjales, déjales con su arte y con su ciencia y vente con tu abuelita, tú, vida mÃa, vida, vidita, vidita mÃa! Tú eres mi vida; tú eres nuestra vida; tú eres el sol de esta casa. Yo te enseñaré a rezar por tus abuelos y Dios te oirá. ¡Vente conmigo, vidita, vida, corderito sin mancha, corderito de Dios!». Y no quiso Antonia ver el apunte de Abel.