Abel Sánchez
Abel Sánchez —¡Claro está! El alma de CaÃn, de la envidia, y el alma de Abel…
—¿El alma de qué?
—En eso estoy ahora. No acierto a dar con la expresión, con el alma de Abel. Porque quiero pintarle antes de morir, derribado en tierra y herido de muerte por su hermano. Aquà tengo el Génesis y el CaÃn de lord Byron; ¿lo conoces?
—No, no conozco el CaÃn de lord Byron. ¿Y qué has sacado de la Biblia?
—Poca cosa… Verás —y tomando un libro, leyó: «y conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y parió a CaÃn y dijo: He adquirido varón por Jehová. Y después parió a su hermano Abel y fue Abel pastor de ovejas, y CaÃn fue labrador de la tierra. Y aconteció, andando el tiempo, que CaÃn trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová y Abel trajo de los primogénitos de sus ovejas y de su grosura. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda, mas no miró propicio a CaÃn y a la ofrenda suya…».
—Y eso, ¿por qué?… —interrumpió JoaquÃn—. ¿Por qué miró Dios con agrado la ofrenda de Abel y con desdén la de CaÃn?
—No lo explica aquÃ…
—¿Y no te lo has preguntado tú antes de ponerte a pintar tu cuadro?