Abel Sánchez
Abel Sánchez —¡No!
—Pues sÃ, les preguntan eso y los niños, confundiéndose, suelen decir: «Su hermano Abel».
—No sabÃa eso.
—Pues ahora lo sabes. Y dime tú, que vas a pintar esa escena bÃblica… ¡y tan bÃblica!, ¿no se te ha ocurrido pensar que si CaÃn no mata a Abel habrÃa sido éste el que habrÃa acabado matando a su hermano?
—¿Y cómo se te puede ocurrir eso?
—Las ovejas de Abel eran adeptas a Dios, y Abel, el pastor, hallaba gracia a los ojos del Señor, pero los frutos de la tierra de CaÃn, del labrador, no gustaban a Dios ni tenÃa para Él gracia CaÃn. El agraciado, el favorito de Dios era Abel… el desgraciado, CaÃn…
—¿Y qué culpa tenÃa Abel de eso?