La TÃa Tula
La TÃa Tula —¡No digas, hija! Pero me siento derretir…, ya no soy para nada… Veo todo como empañado… como en sueños… Si no lo supiera no podrÃa ahora decir si tu pelo es rubio o moreno…
Y le acariciaba lentamente la espléndida cabellera rubia. Y como si viese con los dedos, añadÃa: «Rubia, rubia como el sol …».
—Si es chico, ya lo sabes, Ramiro, y si es chica… Rosa…
—No, madre, sino Gertrudis… Tula, mamá Tula.
—¡Tula…, bueno …! Y mejor si fuese una pareja, mellizos, pero chico y chica…
—¡Por Dios, madre!
—¿Qué? ¿Crees que no podrÃas con eso? ¿Te parece demasiado trabajo?
—Yo… no sé… no sé nada de eso, madre; pero…
—SÃ, eso es lo perfecto, una parejita de gemelos… un chico y una chica que han estado abrazaditos cuando no sabÃan nada del mundo, cuando no sabÃan ni que existÃan; que han estado abrazaditos al calorcito del vientre materno… Algo asà debe de ser el cielo…
—¡Qué cosas se te ocurren, mamá Tula!
—No ves que me he pasado la vida soñando…