La Tía Tula

La Tía Tula

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La pobre niña enferma fue recobrando vida; volvieron los colores de rosa a sus mejillas; volvió a mirar la luz del sol dando en el verdor de los árboles del jardincito de la casa, pero la tía Tula cayó con una bronconeumonía cogida durante la convalecencia de Manolita. Y entonces fue esta la que sintió que brotaba en sus entrañas un manadero de salud, pues tenía que cuidar a la que le había dado vida.

Toda la casa vio con asombro la revelación de aquella niña.

—Di a Manolita —decía Gertrudis a Caridad— que no se afane tanto, que aún estará débil… Tú tampoco, por supuesto; tú te debes a los tuyos, ya lo sabes… Con Rosita y Elvira basta… Además, como todo ha de ser inútil… Porque yo ya he cumplido…

—Pero, madre…

—Nada, lo dicho, y que esa palomita de Dios no se malgaste…

—Pero si se ha puesto tan fuerte… Jamás hubiese creído…

—Y ella que se quería morir y creía morirse… Y yo también lo temí… ¡Porque la pobre me parecía tan débil…! Claro, no conoció a su padre, que estaba ya herido de muerte cuando la engendró…, y en cuanto a su pobre madre, yo creo que siempre vivió medio muerta… ¡Pero esa chica ha resucitado!

—¡Sí, al verte en peligro ha resucitado!


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