La TÃa Tula
La TÃa Tula —Y esto ¿qué es?
—Un perro, chica, ¿no lo ves?
—¿Y cómo ha venido?
—Lo encontré ahÃ, en la calle, abandonado y medio muerto; me dio lástima, le traje, le di de comer, le curé y aquà le tengo —y lo acariciaba en su regazo y le daba besos en el hocico.
—Pues mira, Rosa, me parece que debes regalar el perrito, porque el que le mates me parece una crueldad.
—¿Regalarle? Y ¿por qué? Mira, Tità —y al decirlo apechugaba contra su seno al animalito—, me dicen que te eche. ¿Adónde irás tú, pobrecito?
—Vamos, vamos, no seas chiquilla y no lo tomes asÃ. ¿A que tu marido es de mi opinión?
—¡Claro, en cuanto se lo digas! Como tú eres la sabia…
—Déjate de esas cosas y deja al perro.
—Pero ¿qué? ¿Crees que tendrá Ramiro celos?
—Nunca creÃ, Rosa, que el matrimonio pudiese entontecer asÃ.
Cuando llegó Ramiro y se enteró de la pequeña disputa por lo del perro, no se atrevió a dar la razón ni a la una ni a la otra, declarando que la cosa no tenÃa importancia.