La TÃa Tula
La TÃa Tula Un dÃa logró sorprender a la pobre muchacha cuando salÃa del cuarto de Ramiro, del señorito —porque a este sà que le llamaba as× toda encendida y jadeante. Cruzáronse las miradas y la criada rindió la suya. Pero llegó otro en que el niño, RamirÃn, se fue a su tÃa y le dijo:
—Dime, mamá Tula, ¿es Manuela también hermana nuestra?
—Ya te tengo dicho que todos los hombres y mujeres somos hermanos.
—SÃ, pero como nosotros, los que vivimos juntos…
—No, porque aunque vive aquà esta no es su casa…
—¿Y cuál es su casa?
—¿Su casa? No lo quieras saber. ¿Y por qué preguntas eso?
—Porque le he visto a papá que la estaba besando…
Aquella noche, luego que hubieron acostado a los niños, dijo Gertrudis a Ramiro:
—Tenemos que hablar.
—Pero si aún faltan ocho meses…
—¿Ocho meses?
—¿No hace cuatro que me diste un año de plazo?
—No se trata de eso, hombre, sino de algo más serio.