Niebla
Niebla Torció el gesto Augusto cuando una mañana le anunció Liduvina que un joven le esperaba y se encontró luego con que era Mauricio. Estuvo por despedirlo sin oÃrle, pero le atraÃa aquel hombre que fue en un tiempo novio de Eugenia, al que esta quiso y acaso seguÃa queriendo en algún modo; aquel hombre que tal vez sabÃa de la que iba a ser mujer de él, de Augusto, intimidades que este ignoraba; de aquel hombre que… HabÃa algo que les unÃa.
—Vengo, señor —empezó sumisamente Mauricio—, a darle las gracias por el favor insigne que merced a la mediación de Eugenia usted se ha dignado otorgarme…
—No tiene usted de qué darme las gracias, señor mÃo, y espero que en adelante dejará usted en paz a la que va a ser mi mujer.
—Pero ¡si yo no la he molestado lo más mÃnimo!
—Sé a qué atenerme.
—Desde que me despidió, e hizo bien en despedirme, porque no soy yo el que a ella corresponde, he procurado consolarme como mejor he podido de esa desgracia y respetar, por supuesto, sus determinaciones. Y si ella le ha dicho a usted otra cosa…