Niebla
Niebla —Pues cuando se trata de mujeres, ese apellido debÃa cambiarse en Dominga. Y si no, ¿dónde está la concordancia?
—No la conozco, señor.
—Y dÃgame… dÃgame… —sin sacar los dedos del bolsillo—, ¿cómo es que sale asà sola? ¿Es soltera o casada? ¿Tiene padres?
—Es soltera y huérfana. Vive con unos tÃos…
—¿Paternos o maternos?
—Sólo sé que son tÃos.
—Basta y aun sobra.
—Se dedica a dar lecciones de piano.
—¿Y lo toca bien?
—Ya tanto no sé.
—Bueno, bien, basta; y tome por la molestia.
—Gracias, señor, gracias. ¿Se le ofrece más? ¿Puedo servirle en algo? ¿Desea le lleve algún mandado?
—Tal vez… tal vez… No por ahora… ¡Adiós!
—Disponga de mÃ, caballero, y cuente con una absoluta discreción.