Paz en la guerra
Paz en la guerra ¡Siglo de las luces! ¡Mucho vapor, mucha electricidad! ¿Y Dios, que es la electricidad y el vapor verdaderos?... El ferrocarril lleva la corrupción a los más escondidos valles. Las familias apenas se recogen ya a rezar el santo rosario; y mientras el buen casero, apoyado en su laya, sobre la tierra regada con su sudor, cuando se ha puesto el sol, a la oración, se quita la boina y reza, el negro allá, en su escritorio de Bilbao, adora al becerro de oro, y medita el engaño. ¡Cómo iban muriendo las buenas costumbres viejas! Por lo mismo Dios irritado, concitado su rigor, mandaba sequÃas y chubascos, y epidemias al ganado; castigaba a todos, para que los buenos se alzaran en su defensa.
Era la voz de la quietud turbada, de la enervadora resignación, molesta por la incontentabilidad del vecino.