Paz en la guerra

Paz en la guerra

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Esto es triste para bilbaíno —decía Domingo, empezando a disertar acerca de los señores que trabajan con la cabeza, labor más dura que la del campo. Era su tema favorito, porque le costaba mucho pensar, pero notábase desde luego que lo exponía cual lección aprendida, reservándose siempre su propio pensamiento, informulado para él mismo.

Callábase luego, y mientras Ignacio sentía que le entraba en el alma, dulce como la leche, el campo preñado de reposo, Domingo, dando largas chupadas a su pipa, saciaba su vista en la vaca, acariciándola con la mirada. Porque la vaca le daba cría, leche, abono y trabajo, era su providencia y su orgullo. Con una prestada había empezado a vivir, y otra que vendió, con su cría, en la feria de Basurto, le dio cuarenta duros, en oro, enterrados en el fondo del arca, el principio de sus ahorros. Diríase que su casta, en la larga convivencia con el buey, había tomado de él la resignación y la calma fuerte, la laboriosidad, el paso lento con que le seguía tras la rastra y el arado, paso a paso, siguiendo el surco fecundo y que como el toro, también su casta, sacada de sus nativos pastos, embestía con vigor, llenando los campos ajenos con sus hazañas.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker