Paz en la guerra
Paz en la guerra Ignacio penetró en la vida sosegada de Domingo. Era la caserÃa una de las más antiguas de Vizcaya, de armazón de madera. Era un hermoso ejemplar de la vivienda del pastor que se hace sedentario, testigo vivo del perÃodo de transición del pastoreo al cultivo del campo. El granero y la cuadra, sobre todo ésta, la ocupaban casi por completo; resultando asà una cuadra con apéndices para las personas. HabÃa en ella algo de vegetal, como brote de la tierra misma, dirÃase era una espontánea eflorecencia del suelo o un capricho geológico. Un parral cubrÃa su fachada; y trepaba por sus costados, abrazándola amorosamente, la yedra verde, por entre cuya trama asomaban las reducidas ventanas. Y tenÃa a la vez cierta fisonomÃa humana, como si se hubieran en ella impreso los silenciosos dolores y las oscuras alegrÃas de vidas ignoradas. ParecÃa nacida allÃ, a la vez condensación del ámbito rural y expansión del hombre, del encuentro de uno y otro, rústica y vieja, hecha a las lluvias, los vientos, las nieves y las tormentas, triste y seria.