Paz en la guerra
Paz en la guerra —Cristo viene a traer guerra...
—Y ustedes, a cobrar del gobierno.
—¡Y usted, usted! —dijo el cura tomando un tono lento y reconcentrado—, un haragán que chupa del presupuesto... A usted que no le toquen en el convenio...
Separábanse. «¡Valiente bruto!» murmuraba el uno, «¡vaya un tÃo!» se decÃa el otro, y al siguiente dÃa sentÃa cada uno de ellos la necesidad del otro, y el que antes llegara a la tertulia estábase impaciente hasta que llegase el otro. Necesitábanse mutuamente, acudiendo a la tertulia a molestarse, soltándose veladas alusiones. El dÃa en que el uno parecÃa quedar sobre el otro, salÃase éste amoscado y taciturno, mas por dentro se querÃan con un cariño que tomaba forma de rencor, en solidaridad de beligerantes que se completan. Necesitábanse y se deseaban para derramar cada uno de ellos en cabeza del otro la irritación que el estado de las cosas le producÃa.
Entraba el tÃo Pascual y desde luego:
—¡Vamos, don Eustaquio, está usted de enhorabuena!
—¿Por qué?
—Han nombrado prÃncipe a Espartero, el duque de la Victoria..., ¡mire usted que llamar victoria al convenio!