Paz en la guerra
Paz en la guerra Esta pregunta de Josefa Ignacia fue jarro de agua fría para don Juan. Viose por un momento desde fuera, tal cual le veían los otros, comprendió sus miradas, reportóse de súbita irritación interna, y diciendo: ¡éste es un foco de conspiración!, recogió su compra y salió exclamando en sus adentros, al respirar el aire de la calle: ¡buena les he soltado, pero buena de verdad!
—No les falta razón del todo —dijo don Eustaquio y añadiendo—: ¡Ya le tenemos aquí! —sacó la alocución que diera don Carlos el dos de mayo.
Lo de rigor, el sagrado fuego de la independencia, guardado a través de cuarenta generaciones, y su obligado acompañamiento. Al acabar de oírlo leer, preguntó Pedro Antonio con calina: Y nuestra gente ¿por dónde anda? Era la primera vez que llamaba nuestra a la gente del levantamiento.
Cuando llegado don Juan a casa, se encontró con la mirada serena de su hija, sintió toda la necedad del papel que había hecho en la confitería.