Paz en la guerra
Paz en la guerra ¡Qué pánico en Bilbao el día de la Ascensión, por cuatro tiros oídos sobre la plaza del mercado! Huían despavoridas las aldeanas, abandonando su vendeja algunas; cerráronse a toda prisa las tiendas. Temíase entrara de un momento a otro el enemigo, que tenía acorralada allí cerca, a legua de la villa, a una columna salida de ésta la víspera. Cruzó don Juan corriendo la calle, a armarse, mientras el chocolatero sonreía, de codos en su mostrador; repercutía la llamada de corneta en las calles desiertas; de cuando en cuando asomaba una cabeza a alguna ventana, a registrar con la mirada la calle. Ignacio, que iba al encuentro de los suyos, oyó llorar en una casa, y en otra un «¡patrona, asómese a ver por dónde vienen!» contestado con un «¡vaya un militar!»
—¿Qué será cuando vean la gorda, la verdadera gorda? —dijo Pedro Antonio al saberse que todo ello no había pasado de una broma, que cuatro chicos del enemigo quisieron dar a la villa.