Paz en la guerra
Paz en la guerra Cuando Juan José terminó su relato quedáronse los dos contemplando el panorama que a la vista se les desplegaba; las montañas difuminadas en neblina, como visión de sueño, y Bilbao reposando tranquilo a sus pies.
Ignacio soñó aquella noche que de los montes circundantes bajaban a la villa tropeles de aldeanos, y que Rafaela corría despavorida, mientras gemía desesperado su padre, contemplando el saqueo de su almacén.
Fluyó el verano en calma, mientras continuaba la guerra en Cataluña.
Visitó el rey Amadeo a Bilbao, y no pudo contener Pedro Antonio un compasivo ¡pobrecillo! el día en que le vio bajar a pie y con escasa compañía, las calzadas de Begoña, recibiendo de lleno el aguacero de un chubasco.