Paz en la guerra
Paz en la guerra Llegó la nochebuena, la más larga de las veladas invernales, y aquella en que al abrigo, en el hogar doméstico, de la inclemencia del cielo oscuro, se celebra la fecunda formación de la familia humana frente a los rigores de la Naturaleza, conmemorando el religioso misterio de la bajada del Verbo Redentor al seno de la Santa Familia errante, en pobre portal, breve hogar de paso, en dÃas de proscripción, y en noche larga y frÃa, mientras los ángeles cantaban «gloria a Dios en las alturas; y en la tierra, paz»; la bajada del Cristo a alumbrar a los que se asientan en tinieblas y a enderezar nuestros pies por camino de paz. Llegó la nochebuena, el gabón vasco, la fiesta vascongada, la fiesta que siendo común a todos los pueblos cristianos, toma en cada uno de ellos privativa fisonomÃa y se convierte asà en la fiesta de raza, la de las tradiciones peculiares a cada pueblo.
Celebrábala Pedro Antonio en la chocolaterÃa. Érale la fiesta recogida y dulce de su vida de plenitud de limitación; la fiesta en que le parecÃan danzar en el ambiente, dejando los rinconcillos de la tienducha en que reposaban, los imperceptibles nimbos de sus pensamientos de paz y de trabajo; la fiesta de los dÃas grises, de las lluvias lentas, de las horas de reposo y de rumia mental junto al brasero.