Paz en la guerra
Paz en la guerra El siguiente dÃa fue de completa alegrÃa, pues encontraron a Juan José con su madre, y comieron juntos todos. La madre de Juan José les recomendaba que mataran muchos negros, Josefa Ignacia sonreÃa mirando a su hijo, y Gambelu se frotaba las manos augurando la próxima entrada en Madrid.
Juan José, lleno de esperanzas, veÃalo todo de color de rosa, esperando grandes cosas de la fe de los voluntarios. Fantaseaba lo que habrÃa de ser España, una vez sentado don Carlos en su trono; hablaba con desparpajo de combinaciones estratégicas. Desarrollando todo un plan de campaña para tomar a Bilbao en veinte dÃas, sacaba a cuento el sitio de ParÃs por los prusianos, y la que él llamaba táctica de Moltke. Era interminable en su crÃtica de las operaciones de guerra y de la organización de las fuerzas.
—¡CuÃdate! —le recomendó a Ignacio su madre el dÃa en que se despidieron.
El entusiasmo empezaba a renacerle en el alma. Concentrábanse los liberales, Lizárraga habÃa tomado varias villas, aprestándose a tomar Eibar la armera y Vergara la del Convenio; don Carlos se habÃa unido a Ollo, y por todas partes sólo se oÃa ¡a Bilbao!, ¡a Bilbao!