Paz en la guerra

Paz en la guerra

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Descansaron de tanta marcha y contramarcha en Durango, aprovechando el descanso en instrucción y academias. Allí acudió a ver a su hijo Pedro Antonio, más decidido que nunca a dejar Bilbao, y allí se unieron a ellos Gambelu, recién nombrado aduanero, y el tío Emeterio, el cura aldeano.

Entusiasmábase Gambelu con la salida al monte de don Cástor Andéchaga, a los setenta años, y con aquella proclama que dio a los vizcaínos para que «los que humillaron al poder de Roma en aquellas montañas resucitaran entre sus hijos, bajo aquel hermoso cielo donde nunca se anidó la cobardía, entre los murmullos de aquellos bosques que jamás arrullaron a los débiles y al toque de somatén de las campanas de sus valles, palpitaran con entusiasmo los corazones, y recordando las glorias de sus antepasados, y la ignominia presente, perecieran con honor en la pelea antes que sufrir en la vergüenza el ultraje de un puñado de bandoleros. Aún tenían hierro en los montes y madera en sus bosques para armar sus brazos de lanzón y adarga; tenían el derecho de su parte; la historia en su favor; la fe les animaba; les alentaba la esperanza; les protegía la religión, y sus padres les bendecían». Acababa con los vivas de rigor.



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