Paz en la guerra
Paz en la guerra —Todo eso está bien —exclamó el cura al oÃr la proclama—, pero ¿no hemos hecho nosotros bastante predicando la guerra, y animando a los flojos, para que ahora, a tÃtulo de empréstito forzoso, se quiera sacarnos los cuartos? Para eso la Revolución y pax Christi... Yo no doy; eso es atacar a la inmunidad eclesiástica... Empezamos a liberalizarnos..., ya sólo nos falta un Mendizábal...
—Cura al cabo —dijo Gambelu—. Usted no suelte la guita, que la guerra se muera por consunción, y ya le dirán de misas los liberales...
—¡Por consunción! ¡Buena consunción te dé Dios...! La comunión en Loyola y el ungir al rey, pamplinas para los canarios... Generalitos memos, uno chocho de puro viejo, otro de puro beato, otro una fantasmón, y allà mismo, en Loyola, chinchorrerÃas de etiqueta, que si me toca este sitio, que si aquél... Aquà quien hace falta es Santa Cruz...
—Asà empezamos la otra vez... ¡Vaya todo por Dios! —murmuró Pedro Antonio.
Empezaba, en efecto, a fermentar la insurrección. DecÃase que dos generales se negaban la mano; que otro, dominado por su querida, inventaba fingidos sacrificios para medrar.