Paz en la guerra

Paz en la guerra

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Detuviéronse allí cerca de un mes en revistas, ejercicios y paseos militares, y allí cobró Ignacio alguna calma después de tan agitado correteo. Encontró a Celestino, y al acercársele con un ¡hola! contestó el otro: ¡cuádrese usted! Subiósele a Ignacio la sangre toda a la cabeza, y le dijo al oído: ¡vete a la mierda!

Celestino, rojo de vergüenza y remordimiento, se alejó sin decir palabra, e Ignacio, pesaroso e inquieto, lleno de vagos temores, oyó aquella noche, sin enterarse palabra, a Gambelu, entonces en Estella, quejarse de la guerra y augurar mal. Habíanle matracado los oídos con la canción aquella a los aduaneros:

A mí que me importa

De paz ni de guerra.

Pirata de tierra

Yo tengo de ser.

Cuento las monedas de oro

Y ¡viva la religión!

—¿Es que creen esos majaderos que sin dinero se hace la guerra, o que las pesetas se siembran como el maíz? ¡Piratas de tierra!, ¡piratas de tierra!, ¿de modo que la guerra sólo la hacen los que andan a tiros? ¡Doble derecha!, ¡marchen!, ¡batallón, firmes!, ¡fuego!... ¡Y luego vengan cuartos! Y el que los saca es un pirata de tierra, y se unta las manos...


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