Paz en la guerra
Paz en la guerra La diversión creció al llegar a Estella a pie, a vera su hijo, el padre de Diegochu, veterano de los siete años, que comparando las impresiones apagadas que su espÃritu senil recibÃa de la guerra presente, con los recuerdos que le brotaban de los verdores del alma, reclamaba:
—¡Aquélla, aquélla fue guerra! ¡Aquéllos eran voluntarios, aquéllos! ¿Vosotros? ¡Mequetrefes! ¡Esta es una guerra civil civilizada!
Contábales la batalla de Oriamendi, la noche de Luchana, la expedición a Madrid, relatos que evocaban en Ignacio los dÃas de su niñez en que oyera, con la boca abierta durante las veladas de invierno, las narraciones de su padre.