Paz en la guerra
Paz en la guerra Recordaba, sobre todo, que una noche oyeron él y Juan José a Gambelu el relato de la expedición del jefe carlista Gómez, en aquella guerra de los siete años. Ellos no conocían entonces, ni aun de nombre, aquellos pueblos, Santiago, León, Albacete, Córdoba, Cáceres, Algeciras, pero sacaron en limpio que el hombre solo, con un puñado de bravos, recogiéndolos y perdiéndolos en el camino, a marchas forzadas unas veces, descansando otras, en carros no pocas, por áridos parameros e intrincadas sierras, zafándose de dos o tres ejércitos que a la vez le perseguían pisándole los talones, vencedor ahora y luego vencido, entrando sin resistencia en grandes ciudades, recorrió media España, volviendo al medio año al punto de partida. Y cuando llegó el primer domingo después de oído este relato, fuéronse ellos, los chicuelos, al monte, de escapatoria, a recorrer los repliegues de sus faldas en busca de chicuelos aldeanos con quienes tramar pelea. La guerra en que se encontraban ahora, ¿era más que una escapatoria de niños grandes?
Recaído al punto en la realidad ambiente, sentía el vacío de ideas, sentía que la estrepitosa pelea de éstas terminó con la guerra, y recordaba tenazmente a Pachico exponiendo con flema en el chacolí las paradojas del escepticismo.