Paz en la guerra

Paz en la guerra

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El gallo republicano, sacudida la cresta, y erizadas las plumas del cuello, esgrimía sus espolones, y cacareando rondaba a las tropas del Rey.

Mientras Estella quedaba celebrando el día natalicio de don Carlos, y la llegada al real de su hermano, sacaron de ella al batallón, el cuatro de noviembre, y bajo menuda lluvia que fue arreciando hasta hacerse torrencial, por asperezas y vericuetos, lleváronle por la falda del sombrío Montejurra a defender la ciudad y al barranco de Villamayor, entre el Montejurra y la peña de Monjardín, centinelas avanzados de la ciudad.

Ofrece la antigua y fuerte Navarra, vigorizada con el aliento del Pirineo, variadísimo paisaje. Por norte y este, altas e intrincadas cordilleras de enmarañado boscaje, lecho de nieve y asiento de tormentas, que la guardan y separan de Francia, montañas en que resonó el último suspiro de Roldán, lanzado por la trompa bélica y el ladrido del perro de Altabiscar, montañas que van desenvolviéndose en valles risueños para desplegarse al cabo en la plácida ribera del Ebro. Cerca de Estella descansa el sombrío espinazo del Montejurra que forma con el escarpado Monjardín un desfiladero que se abre a la Solana, atravesada ésta por la carretera de Arcos a Estella que deja a un lado Villamayor en las faldas del Monjardín y Urbiola al borde del camino, y al otro lado, en las estribaciones del Montejurra, Luquín, Barbarín y Arroniz.


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