Paz en la guerra
Paz en la guerra El enemigo subÃa lentamente, mientras brotaba de las filas carlistas vibrante ¡viva el Rey!
Recibieron Ignacio y sus próximos orden de retirarse más arriba, mientras la ola invasora avanzaba ocupando posiciones sobre el centro y base carlista, e intentando cortar la derecha. Ignacio disparaba con calma, sin emoción, con todo reposo. Silbaron algunas balas, oyó voces de ¡más arriba!, ¡retirarse!, y fue subiendo.
Vio surgir roses en los sembrados, atravesó con los suyos el pueblecillo, y al salir de éste vieron desde las estribaciones del sombrÃo Montejurra, que el enemigo lo invadÃa abandonado, mientras ellos se refugiaban al monte. Por la carretera, los habitantes del pueblecillo abandonado guiaban sus carros cargados de enseres y vituallas, la casa entera en ellos, y sobre los muebles, los pequeñuelos. Otros vecinos, mujeres las más, desde las alturas del monte, les gritaban animándoles a que no dejaran vivo un solo negro. De BarbarÃn sacaban los carlistas a brazo el cañón, sin tiempo para cargarlo, y mientras ellos salÃan del pueblecillo por un lado, por el opuesto lo iba ocupando el enemigo.