Paz en la guerra
Paz en la guerra Siguió Ignacio dos meses con sus padres, sintiéndose renacer, gozando de las pequeñeces diarias, contemplando los árboles desnudos de hojas sobre el campo verde en las soleadas tardes del invierno, y a los lejos el espinazo de Oiz, blanco con su manto de nieve. Pasó con sus padres y tÃos la nochebuena, una nochebuena recogida, tranquila, tibia, sin los relatos de Pedro Antonio que ahora suspiraba por su recogido tenderete, una nochebuena en que se acostaron a las diez.
OÃa complacido, mas como quien oye llover, los inacabables comentarios del tÃo Emeterio al curso de las operaciones de la guerra. Hablaba de la próxima toma de Bilbao, el anhelado triunfo, el ansia de los aldeanos en quienes revivÃan las viejas pasiones, el ansia de las demás villas, envidiosas de la que amagaba absorberlas.