Paz en la guerra
Paz en la guerra Los comentarios de don Emeterio eran más pintorescos y más vivos, durante los dÃas, frecuentÃsimos, en que con sus amigos, celebraba alguna nueva noticia con copiosa comilona y abundante trago. Y ¿cómo iban a celebrar sus triunfos sino comiendo? ¿Hay acaso otra fiesta en la aldea, ni distracción de otra clase? ¿Cabe que se reúnan varios hombres, y se estén juntos y ayunos, en frÃo, sin hacer nada más que hablar? El vino desliga la lengua, e hincha las imaginaciones. Al calor de la comida, en el abandono de la intimidad, con el vaso delante, era como adquirÃan relieve y vida las noticias de las campaña, asà es como podÃan entrar en la leyenda y servir de materia para la profecÃa. ¡Qué alegrÃa, la alegrÃa que arranca del calor del estómago! Entonces tomaban apego a su aldea, a la aldea recogida, con olor a campo, a los aires libres que orean la cabeza enardecida. ¡Gran aperitivo y gran digestivo el campo verde y abierto a todos vientos! Muchas veces terminaban los comentarios a la campaña en diálogos de rústica filosofÃa salomónica, de puro espÃritu del Eclesiastés. Los duelos con pan son menos.