Paz en la guerra
Paz en la guerra RecorrÃa don Juan por entonces, en noviembre, el muelle, convertido en mercado. Dábanle tristeza aquellos montones de frutas, aquellas reses amontonadas. Era una feria de guerra con aspecto de botÃn, y no la marcha rÃtmica de la ordinaria circulación mercantil; aquello no era un almacén ordenado, sino un campamento donde balaban cautivas las ovejas, y vagaban lentamente los cerdos; no era el muelle donde en un tiempo recibÃa la villa cargamentos de cacao para derramarlos por toda España. La guerra reducÃa el comercio mismo a formas de barbarie; a feria de pueblos nómadas. VolvÃase a casa, triste, acongojándosele el alma al entrar en su almacén oscuro y solitario, cuya vida languidecÃa entonces.
—Tenemos merluza a 30 cuartos libra..., para este tiempo barata... —le dijo un dÃa su hermano.
—¡Feliz de ti! —respondióle gravemente don Juan.
Don Miguel se distraÃa con la acumulación de sucesos, y sólo renegaba a solas y en silencio de las molestias del trajÃn de la soldadesca, de los alojamientos, de las escaseces y penurias del mercado.