Paz en la guerra

Paz en la guerra

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Al día siguiente al de la Epifanía recibiéronse de aguinaldo periódicos, arrebatados y solicitados a subasta. Tres duros pagó por uno don Epifanio. Pudieron distraerse comentando la caída de la república parlamentaria, y faltó tiempo al elemento liberal que ocupaba el concejo para decretar se disolviese el batallón de voluntarios de la República. Trinaba contra ellos Arana, contra los que le hicieran jurar la República, contra los aliados con el enemigo común en las elecciones, y augurando se pasarían a él, al enemigo, repetía que los extremos se tocan.

Ahora, ahora que ha caído la República, ahora que un militar osado había ahogado su cháchara impertinente, ahora cobrarían vigor las operaciones. Instaurar una república en plena guerra, ¿a quién se le ocurre disparate semejante?

A mediados del mes tapábase doña Micaela los oídos con algodón, y mormojeaba el rosario de continuo, al oír retemblar en los cristales del escritorio, lejanos cañonazos que en sus ecos le traían ecos de sus lejanos recuerdos infantiles.

—¡Es Moriones que viene a libertarnos! —exclamaba don Epifanio.

—¿Libertarnos Moriones? —decía don Juan, temeroso de que el general republicano consiguiera tal triunfo.


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