Paz en la guerra
Paz en la guerra —Pero esto va muy mal, Epifanio, cinco duros por un par de gallinas, ocho un quintal de patatas...
—Alguien sacará la puesta... A rÃo revuelto...
Al anuncio del bombardeo, fue una romerÃa de gente la que salió compadeciendo a los que quedaban, y por algunos de éstos compadecidos.
Pusiéronse vigÃas en las torres de la villa y se aprestaron zapadores y bomberos.
¡Qué dÃas de Ãntima angustia aquellos del bombardeo! Después de una noche de helada, amaneció el cielo radiante y puro del 21 de lebrero. Doña Micaela, mientras el corazón le martillaba la cabeza, rezaba en silencio. Don Epifanio habÃa salido muy temprano, exclamando: ¡ya tocan a misa! al oÃr la llamada a las armas. Doña Mariquita, la abuela de Enrique, bajó a distraer a la señora de Arana, mientras Rafaela, inquieta, no hacÃa sino asomarse al balcón a cada momento.
Los niños de la vecindad se habÃan reunido y cuchicheaban mirando a los mayores, pensando del bombardeo, ¿qué será eso?, y en la expectativa de algo imprevisto y supremo.
—Acaba de pasar Chapa por Archanda —decÃa uno en un corrillo del Arenal a que se acercó don Juan.