Paz en la guerra
Paz en la guerra Era un corrillo de los prudentes, de los que se estacionaron bajo los arcos del puente. Trazaba un táctico, con el bastón, curvas en el suelo, demostrando por a más b, que era imposible llegasen las bombas enemigas a la villa. Estaban preparados los gigantones y la música para recibir las bravatas, y de cuando en cuando hendÃan cohetes el espacio sereno.
A las doce dadas, oyeron un ruido sordo, y poco después, al saberse que habÃa caÃdo al rÃo la bomba, quedó desierto el puente.
—¿Lo ven ustedes? ¡Si no pueden llegar...! —exclamó el táctico, al saber que quedó corta la segunda.
En un momento en que Rafaela se asomó al balcón, tendiendo la vista por la calle, en cuyas puertas charlaban los vecinos, un estampido Fragoroso hizo retemblar los cristales, despejó la calle de gente, y lanzó a la hija al lado de su madre, a consolarla.
—¡Al almacén todos! —gritó don Juan entrando entonces.