Paz en la guerra
Paz en la guerra —¿Y de los bilbaÃnos, no es eso?
—Le faltó poco. Total, ¡que salieron del sermón y al rÃo con el Mercurio!
—Y de nosotros ¿qué se decÃa?
—Campaneo por todo lo alto y limonadas a tripa libre por cualquier notición... Los peores, los bilbaÃnos emigrados...
—No hay peor cuña que la de la misma madera. ¿Y pensaban entrar?
—¿Entrar? Tan seguros, que imposible más. Figúrate que muchos negaban créditos y otros se alegraban de la destrucción de sus acreedores...
Con la liberación aumentó la mortandad en la villa. Don Juan se impacientaba porque el ejército no salÃa a pulverizar a los carlistas, y don Epifanio le aseguraba, a solas, que andaban en proclamar rey de España a Alfonsito, el hijo de la reina destronada.
—Buena falta hace —dijo el ex amadeÃsta.
El cual, irritado por el bombardeo, resolvió no tomar bula en adelante. SeguirÃa oyendo su misita como buen católico, por supuesto, pero ¿comprar bula?, ¿dar su dinero a los curas para que lo aprovecharan como el otro?, ¡eso sà que no!