Paz en la guerra
Paz en la guerra Una nueva recaÃda puso al tÃo Miguel a las puertas de la muerte. Cuando le llevaron el Señor, por devoción —le dijeron—, pues era época de cumplimiento, fingió creerlo con el ánimo hundido, y avivadas sus solitarias fantasÃas por la expectativa del fin cercano.
Una mañana, cuando su sobrina le servÃa la medicina, suelta la lengua por la extrema debilidad de su espÃritu, cogióla de la mano, viéndola como en sueños, cual una aparición semidifuminada; acercóle la cabeza a sà y le dio un beso en la frente diciéndole: ¡Cuánto te he querido, Rafaelilla!, ¿te acordarás de tu pobre tÃo, el solterón raro?
—¡Vamos!, ¿a qué vienen estas cosas? Ahora a reponerse, que esto no es nada.
SentÃa Rafaela falta de aliento, y al salir del cuarto desahogó en lágrimas calladas una piedad dolorosa.