Paz en la guerra
Paz en la guerra Don Juan quedóse contemplando un rato a su hermano muerto, y a medida que iba evocando recuerdos de convivencia y reminiscencias de juego infantiles, iba la imagen de la muerte invadiendo los rincones de su alma; y crecíale en intensidad la penosa angustia, según se apoderaba uno a uno de sus miembros espirituales todos.
Al abrir el testamento vieron que dejaba a su sobrina de heredera universal, y un diario a la criada. En los cajones hallaron cuadernillos de escrupulosas apuntaciones del bombardeo, mendrugos de pan de haba con inscripciones, cascos de bomba, un retrato de Rafaela de niña, y un mechón de pelo con este rótulo: de mi sobrina. Al encontrarse don Juan en un armario fotografías y libros obscenos, murmuró, no pudiendo retener las lágrimas:
—¡Cuántas veces he querido curarle!, ¡pobre Miguel!