Paz en la guerra
Paz en la guerra Cuando llegó Ignacio a Somorrostro llevaba en el alma un tumulto de anhelos, amasados con nacientes desilusiones. Destináronle a un batallón, a las reservas de San Fuentes, y vio de paso al general en jefe, que, sentado en una silla en el balcón de una casería, con la botella de coñac al lado y encendidos los pómulos, contemplaba allá, a lo lejos, los fogonazos de los morteros carlistas sobre Bilbao, para lo que había hecho talar una encina, cuyo follaje se lo hubiera impedido.
