Paz en la guerra
Paz en la guerra Recordaban a menudo las jornadas sangrientas del 24 y 25 del mes precedente, cuando tras larga caminata llegaron desde Navarra a atajar el paso a Moriones, que iba a libertar a Bilbao. Ollo les había arengado entonces; se estaba bombardeando a Bilbao; el Rey les contemplaba; fueron cantando a sus posiciones. El gallo republicano, pasada la ría de Somorrostro, les atacó de frente, por lo más difícil, según su modo; sus soldados envolvieron al Montaño, estando a punto de coronar su puntiaguda cima, trepando su pendiente cascajosa apaleados y casi borrachos, recibiendo fuego y piedras de la cresta. Entonces se remangaron ellos las blusas, y ¡a la bayoneta!; los alaveses les ayudaron por la parte de San Pedro, y el gallo republicano tuvo que retirarse, pedir refuerzos y otro general que se encargase del mando. ¡Y no cogieron a Bilbao entonces! ¡No se aprovechó aquella coyuntura para dar el golpe de gracia a la plaza sitiada! Siguió aquel estúpido bombardeo, lento, pesado.