Paz en la guerra
Paz en la guerra —Salían de la columna de tres en tres, y al llegar al terreno franco, se nos venían, ¡pobrecicos! Hacíamos fuego a cincuenta pasos, y al blanco, por orden, y el que no la obedecía, disparando sin tino, ¡veinte pasos al frente!, ¡fuera del foso! Cien cartuchos, cien bajas. Allí, al rape de la cima, bajo aquellos peñascos, encontramos al siguiente día un pobre soldado temblando de miedo y de frío, el frío del miedo, sin alentar apenas. «Da gracias a que no eres carabinero», le dije. Y ¡vaya unas cargas a la bayoneta!
—Sí, di eso; fácil es entrar, pero... ¿y salir? ¡Cómo nos fusilaron por la espalda cuando volvíamos de haberlos barrido hasta aquella ladera!
«¿Qué valen Lamíndano y Montejurra?», pensaba Ignacio, oyendo tales relatos frente al valle calmoso y sereno.