Paz en la guerra
Paz en la guerra ¿Qué pensarÃa su padre de aquella calaverada de haberse ido a Somorrostro, dejando el batallón en que habÃa vivido tantos meses? Era una locura, un disparate, mas... ¿cómo volverse atrás? La cosa no tenÃa ya remedio; a lo hecho, pecho.
En aquellas horas solemnes e inmóviles, en que el tiempo parecÃa detenerse y convertirse en pasajera eternidad, el espÃritu de la muerte arrastraba por la mente de Ignacio apelotonada neblina de oscuros presentimientos. OÃa roncar y anhelar a los que estaban a su lado; más allá jugaban otros a las cartas, a la luz de una hoguera. Junto a él empezó uno a gritar; sacudióle para que despertara.
—¿Qué te pasa?
—Soñaba con un muerto que vi de niño —contestó el otro abriendo los ojos, y respirando con fuerza—, un muerto que vi una noche, junto a un camino...
—Yo no puedo dormir de noche en el campo —añadió otro que estaba acurrucado y apoyado en el fusil—, ¡no lo puedo remediar!
Todos sintieron un escalofrÃo al oÃr: ¡el centinela está medio helado, arrecido!
—¿Quién anda por ahÃ? ¡A ver, a buscarle! ¡Alguno se ha salido de la lÃnea!...
¡Bah! Será Soriano que habrá ido a registrar a algún muerto...
—Vaya una vida aperrada...