Paz en la guerra
Paz en la guerra Barridos a tiros por el frente y los flancos, recibiendo fuegos en redondo, avanzaban al arroyo de San Pedro, cuya defensa era desesperada, briosa por parte de los carlistas. De aquella posición dependía todo, allí estaba entonces la clave, o por lo menos así lo creían, y en creyéndolo así, así resultaba por el hecho mismo de creerlo.
Llegó un momento en que, sin él haberlo previsto, se le acabaron las municiones a Ignacio, y al encontrarse forzosamente ocioso le oprimieron ansias violentas. No sabía qué hacer del fusil, qué hacer de sí mismo; parecíale que desarmado estaba más expuesto a las balas enemigas. «Este se descubre demasiado —pensaba mirando a uno de los próximos a él—, si por fin le dejaran fuera de combate...» Cayó al cabo su vecino como rendido de fatiga, soltando el fusil, en realidad herido, e Ignacio se fue a él, le tomó las municiones y empezó a disparar, dejando que retiraran al otro.