Paz en la guerra
Paz en la guerra ¡Enterrados allÃ, en montón, en tierra por la que pasarÃa pronto el arado o la laya, lejos de sus padres! Ni una simple cruz que recordara al caminante de la vida los que regaron con su sangre los campos aquellos de hierro.
Sánchez, mirando el cuerpo de Ignacio, decÃa:
—Ha hecho bien en morirse. El cuidado..., quitárselo cuanto antes de encima.
Las heredades estaban pisoteadas, deshechos los trigales, desiertas y hechas unas cribas las casas.
HabÃan empezado a mezclarse unos y otros, merced a la piedad a los muertos, comenzando por insultarse, para acabar bebiendo del mismo vaso y cantando a coro.