Paz en la guerra
Paz en la guerra Lo más importante era que no le turbaran en el tranquilo turno de sus devociones y hábitos piadosos, cuya riquÃsima variedad se desplegaba suave y tranquila en la profunda unidad que los abarcaba a todos. Según la época del año y las diversas dedicaciones de sus meses y dÃas, variaba, calendario en mano, el ordenado curso de sus piadosos ejercicios. A unas novenas se sucedÃan otras, unas intenciones a otras intenciones. En contar y descontar los dÃas que trascurrÃan en cada ejercicio hallaba distracción continua. Y además las meditaciones, y las lecturas piadosas, sobre todo la de la Imitación de Cristo, su más constante pasto espiritual. Ya todo esto nada de extraordinario ni fuera de la vÃa común de los humildes, siempre las devociones corrientes; pues recordaba que se hallaron pobres y quedaron viles los que pusieron en el cielo su nido, para que, humillados y empobrecidos, aprendieran a no volar con sus alas, sino a esperar debajo de las del Señor.